No es una decisión fácil. Ambas opciones tienen sus ventajas e inconvenientes y, dependiendo de las circunstancias económicas y particulares de cada persona, puede resultar más recomendable una que otra.
Es cierto que en estos últimos años, la sensible reducción que se ha registrado de los tipos de interés y el consecuente abaratamiento de las cuotas de los préstamos hipotecarios, han impulsado mucho más la compra que el alquiler.
Sin embargo, también hay que tener muy presente el continuo y alocado incremento registrado recientemente en los precios de las viviendas, lo cual provoca en muchos casos que, por baratos que estén los préstamos, resultan todavía inalcanzables para muchas economías domésticas.
Ello aconseja el no descartar de pleno la opción del alquiler, la cual tiene sus inconvenientes y limitaciones, pero implica también una serie de ventajas que deben tenerse muy presentes, tales como:
- El compromiso económico adquirido es muy inferior y a un plazo corto.
- No requiere un fuerte desembolso económico inicial.
- Los trámites son muy ágiles y rápidos.
En consecuencia, en ocasiones puede ser la única vía que permita a los jóvenes independizarse de sus padres o a las unidades convivenciales habitar en una vivienda digna.
Además, la opción por el alquiler no tiene por qué ser definitiva, sino que puede contemplarse perfectamente como una fase transitoria, que nos dé tiempo para poder abordar en el futuro una posible compra.